OBESIDAD: La otra pandemia

ACTUALIDAD

En Marzo de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS), declaró al COVID-19 como pandemia. Una pandemia es una enfermedad que afecta a muchas personas al mismo tiempo, en distintos lugares del mundo. La mayoría de las pandemias de la historia de la humanidad fueron infecto-contagiosas. Esto significa que han sido causadas por la infección a través de un único agente, generalmente un virus, que al ingresar en su huésped (persona), lo contagia y desencadena la enfermedad con sus signos y síntomas característicos. Las formas de contagio son varias, puede darse por transmisión entre personas o mediante algún vector (como un animal, un objeto o superficie contaminada).

En contrapunto con las enfermedades infecto-contagiosas, hace ya unos 50-60 años, comenzó a extenderse a lo largo del mundo una enfermedad llamada OBESIDAD, que actualmente es considerada una pandemia y que tiene la particularidad de no tener una única causa que la origine, sino que sus desencadenantes son múltiples. Por esto se dice que la obesidad es multicausal o multifactorial.

UN POCO DE HISTORIA

La obesidad fue reconocida como enfermedad por la OMS en 1979, a pesar de que unos años después de la Segunda Guerra Mundial comenzó a crecer el número de personas con exceso de grasa corporal. Recién en 1994 comienza a tomar relevancia mundial, cuando la misma entidad advierte sobre la creciente epidemia de enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT) y declara a la Epidemia de Obesidad como un problema sanitario global. 

Aquí haremos otro paralelismo entre las enfermedades infecciosas (como el COVID-19) y las ECNT (com la obesidad). Ya sabemos que las primeras tienen un único origen, generalmente un virus, evolucionan rápido (enfermedades agudas) y son muy contagiosas. En cambio, las ECNT requieren mucho tiempo de gestación (por su carácter de crónicas) y son el resultado de múltiples causas como, por ejemplo, malos hábitos alimentarios, inactividad física, entre otros factores predisponentes (aumento de edad, tabaquismo, consumo excesivo de alcohol, déficit de sueño, alteración de la microbiota o flora intestinal, consumo de fármacos, genética, etc.).

Las ECNT incluyen la diabetes, enfermedades cardiovasculares, algunos tipos de cáncer, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), asma y obesidad (la “madre de las ECNT”). 

En Junio de 2012, la Organización Panamericana de la Slaud (OPS) llamó a prevenir la obesidad con un enfoque multisectorial, es decir, que no abarque solamente el rubro de la salud.

A pesar de que en la actualidad sabemos que las causas que llevan a desarrollar obesidad son múltiples, el pensamiento colectivo la vincula con “la falta de voluntad” de quienes la padecen. De aquí se desprende el sentimiento de culpa y la baja autoestima en personas obesas, situaciones que, a su vez, condicionan su calidad de vida, la aceptación de la enfermedad y las posibles formas de tratamiento

¿QUÉ ES LA OBESIDAD?

La obesidad se define como la acumulación excesiva de grasa corporal, la cual es perjudicial para la salud y, generalmente, se acompaña con aumento de peso corporal (condición que no ocurre en todos los casos). A nivel poblacional, el diagnóstico de obesidad se realiza mediante el Índice de Masa Corporal (IMC). Este se calcula dividiendo el valor del peso corporal (expresado en kg) por la altura (expresada en metros) al cuadrado. Existen escalas para diagnosticar el estado nutricional y el tipo de obesidad, como veremos en la gráfica N° 1:

Por lo tanto, sobrepeso será cuando el IMC este entre 25 y 29,9 y, a partir de 30 de IMC, el diagnóstico será de obesidad. Cabe destacar que a mayor exceso de grasa y peso, mayor será el riesgo para la salud. 

PREVALENCIA

Desde 1975 hasta la actualidad, se ha triplicado la cantidad de personas que padecen obesidad en el mundo. 

Datos revelados por la OMS en 2016 establecieron que más de 1900 millones de adultos (mayores de 18 años) tenían sobrepeso y 650 millones eran obesos.

Esto establece que: 

• El 39% de la población mundial tenía sobrepeso (39% hombres, 40% mujeres)

• El 13% padecía obesidad (11% hombres, 15% mujeres). 41 millones de niños menores de cinco años tenían sobrepeso o eran obesos

• El 18% de niños y adolescentes (de cinco a 19 años) de todo el mundo padecían sobrepeso u obesidad

Gráfica 2: Fuente: OMS, 2014

Como vemos en la gráfica N° 2, la distribución de la obesidad a nivel global es desigual, siendo mayor en EE.UU, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Libia y Arabia Saudita.

En Argentina la Encuesta Nacional de Nutrición y Salud (ENNyS) realizada en 2019 arrojó los siguientes resultados:

Exceso de peso (sobrepeso + obesidad) presente en el 67,9% de la población argentina adulta

Obesidad en el 33,9% de la población, siendo mayor en varones que en mujeres y en personas con secundario incompleto (casi 11% más)

• En los niños de entre cinco y 17 años, el 41% tenía sobrepeso y el 20% obesidad

CAUSAS

El incremento ininterrumpido de la obesidad se debe fundamentalmente a dos causas principales:

  1. Aumento de energía (Kcal) consumidas con los alimentos (comer más)
  2. Sedentarismo e inactividad física (gastar menos)

Luego de las guerras mundiales (momentos de crisis y escasez de alimentos), la disponibilidad de alimentos comenzó a aumentar a nivel mundial. La industria alimentaria comenzó a producir mayor cantidad de alimentos más sabrosos y a costos accesibles para gran parte de la población. Esto generó mayor disponibilidad de calorías (más energía). Pasamos de comer alimentos caseros, muchos de ellos de producción propia (existían gallineros en casas particulares y huertas en la mayoría de los hogares de familia) a “productos alimentarios” fabricados por la industria altos en calorías, grasa, aceite, azúcares, aditivos y conservantes para alargar su vida útil y generar aceptación en el mercado. Por supuesto que el objetivo de la industria alimentaria era la rentabilidad sin importar el impacto de sus productos en la salud de sus consumidores. Hasta ese momento tampoco se sabía demasiado al respecto…

Al mismo tiempo, la urbanización (el pasaje del campo a la ciudad) generaba una disminución en el gasto energético diario de las personas. El trabajo pasaba de ser “rural” y más físico a más “urbano” e “intelectual”. De cargar y mover peso, recorrer grandes distancias caminando o a caballo, a estar sentados 8 horas en una oficina. El avance tecnológico generó más comodidades y redujo notablemente el trabajo físico. 

Entonces, comer más y gastar menos, genera un ahorro de energía que se reserva en forma de grasa corporal, dentro del tejido adiposo. También puede depositarse en el hígado y en músculos cuando se excede la capacidad máxima del tejido adiposo. En esta situación, la predisposición a diabetes e hígado graso aumenta considerablemente. 

Pero no podemos limitar la obesidad a estas dos únicas causas. Existen otras como el déficit de sueño, el estrés, las relaciones sociales, una cantidad de tiempo excesivo frente a pantallas (celulares, tv, computadora, tablet, etc), consumo de alcohol, alteraciones de glándulas como la tiroides, el consumo de fármacos, alteración de la microbiota o flora intestinal y cuestiones genéticas (en menor medida).

Como podemos apreciar, las causas son muchas pero, la buena noticia es que la gran mayoría de estas causas son modificables. Esto abre la puerta a posibles formas de tratamiento.

CONSECUENCIAS

Como ya apuntamos, la obesidad predispone a desarrollar otras enfermedades o factores de riesgo como la diabetes, hipertensión arterial, infarto de miocardio (IAM), accidente cerebrovascular (ACV), artrosis, hígado graso, cirrosis, algunos tipos de cáncer (endometrio, mama, ovarios, próstata, hígado, vesícula biliar, riñones y colon), baja autoestima, depresión, etc. 

De hecho, la mala alimentación y el sedentarismo son la segunda causa de muerte evitable en el mundo después de fumar. 

Las ECNT en su conjunto son, en la actualidad, la causa de alrededor del 60% de las muertes a nivel mundial. 

La obesidad infantil se asocia con una mayor probabilidad de obesidad y discapacidad en la adultez, y muerte prematura. Además, los niños obesos sufren de dificultades respiratorias, mayor riesgo de fracturas e hipertensión y presentan marcadores tempranos de enfermedades cardiovasculares, resistencia a la insulina y efectos psicológicos.

RESÚMEN

Mientras el año 2020 nos encuentra atravesando esta nueva enfermedad devenida en pandemia, el famoso COVID-19, no podemos dejar de pensar en la otra pandemia, la que venimos sufriendo hace más de 20 años: la obesidad. Esta afecta negativamente a la población, estropea su calidad de vida, aumenta el riesgo de padecer otras enfermedades y genera altos gastos para el sistema sanitario. Causa de forma directa e indirecta el 60 % de las muertes a nivel mundial. 

Se siente como si estuviésemos siendo espectadores de una transición antropométrica de la especie humana. Cerca del 60% de las personas que habitan este planeta posee sobrepeso (fuente: Dra. Mónica Katz). 

¿Vamos a quedarnos de brazos cruzados?

Me parece oportuno aprovechar la actualidad de COVID-19 para reflexionar y como oportunidad para valorar más la salud. Trabajar a diario en construir nuestra salud. Salir de la situación de espectadores. Involucrarnos de forma activa en esta “construcción”. Entrenar hábitos saludables de alimentación y ejercicio. Usar menos pantallas. Usar menos el auto, la moto o el transporte público y más los pies o la bicicleta. Dormir más, dormir mejor. Trabajar en la relajación. Realizar controles médicos frecuentes. Generar cambios diarios, por más pequeños que parezcan. Invertir en salud y gastar menos en enfermedad. 

Sin dudas, la cuarentena está generando una agudización silenciosa de la otra pandemia. Más sedentarismo, menos ejercicio y deporte, mayor exposición a comidas (con la heladera cerca todo el día), alteración en el sueño, ansiedad y depresión, hacen que la obesidad continúe creciendo. 

Entonces…

¿Cómo tratamos la obesidad?

El tratamiento de una patología tan compleja requiere del abordaje desde más de una disciplina. Un equipo de trabajo interdisciplinario (medicina, nutrición, terapia física, psicología, etc) bien conformado y capacitado, que aborde en forma simultánea y coordinada las necesidades de cada persona en particular. Educar, guiar y comprender al “paciente” en su proceso de cambio es clave para lograr el objetivo del tratamiento: cambiar los hábitos y mantenerlo en el tiempo. 

En la próxima nota, les contaremos en detalle cómo abordamos en Cipre Las Flores la obesidad. No te la pierdas!

Autor: Lic en Nutrición Juan Pablo Labollita

Profesional de Cipre Las Flores y ENAF (La Plata)

Posgrado en Obesidad de la Universidad de Favaloro

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *